Concebimos la Abogacía como un compendio equilibrado de las siguientes virtudes:

  • VOCACIÓN necesaria para afrontar con ilusión la defensa de los intereses del cliente, agotar las fuentes de estudio y luchar por la obtención de Justicia.
  • INDEPENDENCIA DE CRITERIO para poder tomar cada decisión en línea con nuestra conciencia.
  • PROFESIONALIDAD basada en el rigor y pulcritud de nuestras actuaciones.
  • EXPERIENCIA acumulada durante años de ejercicio profesional y responsable.
  • SENTIDO COMÚN entendido como el olfato jurídico que permite identificar la mejor y más rápida solución para el cliente entre todas las alternativas posibles

Las claves de nuestro constante crecimiento se basan en aplicar siempre unos mismos principios deontológicos sobre el ejercicio de la profesión, esforzamos por mantener un nivel alto de calidad en nuestro asesoramiento mediante el análisis riguroso de las materias jurídicas en juego y tratar de superar las expectativas del cliente, lo que depende no sólo de la calidad de nuestro asesoramiento sino de la forma en que lo prestamos.

Para cumplir esta finalidad procuramos dar una respuesta rápida y eficaz, conciliando la urgencia del asunto con la dificultad que presente. Ofrecemos información detallada y actualizada de la marcha de los asuntos confiados. Documentamos las tareas encomendadas en una hoja de encargo en la que se detalla el trabajo a realizar, honorarios presupuestados y gastos estimados, forma de pago, plazos aproximados de ejecución, expectativas del pleito, en su caso, y cualquier otra información relevante para el cliente.

Analizamos de forma práctica y objetiva cómo cumplir el asunto encomendado. Cuando advertimos que éste tiene pocas o ninguna posibilidad de éxito o que el trabajo a desarrollar no producirá valor añadido se lo hacemos saber al cliente cuanto antes.

Somos conscientes de la responsabilidad que asumimos con esta profesión, lo que está presente en cada decisión que tomamos, en cada consejo que damos.